Donde tecnología y arte se unen: Dave McGavran (Maxon) y la curiosidad creativa image

Donde tecnología y arte se unen: Dave McGavran (Maxon) y la curiosidad creativa

Dave McGavran no es artista digital. No se pasa el día animando personajes, esculpiendo mundos en 3D ni editando obras maestras cinematográficas. De hecho, si se lo preguntas, te responderá que no tiene ni un pelo de artista.

Pero, como CEO de Maxon, su pasión no consiste en ser el artista, sino en empoderar a quienes lo son. Su filosofía de liderazgo se centra en una idea: construir herramientas que ayuden a los creadores a dar vida a su visión de forma rápida, sencilla y con mejores resultados que nunca. "Me he pasado la carrera escuchando a los artistas para luego construir aquello que necesitan para dar vida a su imaginación".

En las palabras de Dave, la mayor parte de su carrera ha sido una serie de felices coincidencias. Puede que sea verdad. Pero, escuchando su historia, queda claro que la curiosidad, la persistencia y el amor por la creación han sido los hilos conductores que se entrelazan a lo largo de cada giro y vuelta.

En sus primeros años universitarios, su primera incursión en la ingeniería aerodinámica salió mal, lo que llevó a Dave a "huir a Maine" para estudiar una carrera relacionada con los bosques. Cuando eso tampoco salió según lo previsto, se encontró aprendiendo programación básica en la Universidad de Maine en Orono, siguiendo la perspicaz orientación del decano de Ciencias.

A través de un contacto, Dave conoció a Mike Scott, director de una organización estudiantil del campus llamada ASAP Media Services, cuyo objetivo era llevar los recursos multimedia a las universidades. ¿El único problema? Mike solo contrataba a artistas. "Yo no era artista", explica Dave. "Así que me senté a su puerta hasta que me dejó entrar".

Fue allí donde experimentó por primera vez la magia de la programación que hace posible el arte. Incluso descubrió, junto con un compañero de clase, cómo "hackear los navegadores web para crear el primer GIF animado". Ese mismo grupo de estudiantes también diseñó uno de los primeros quioscos con pantalla táctil para el histórico Museo del Transporte de Owls Head, en Maine, experimentando con gestos y desplazamientos mucho antes de que existieran los teléfonos inteligentes. "Era 1995 o 1996", comenta. "Estábamos tratando de averiguar cómo hacer que las pantallas táctiles se deslizaran como en el iPhone actual".

"Fue una época única", reflexiona. "Entonces no lo sabíamos, pero estábamos a las puertas de la revolución digital".

*No se puede verificar 

Tras la universidad, el camino de Dave, fiel a su estilo, se negó a seguir una línea recta. Se suponía que iba a empezar a trabajar en Apple después de graduarse, "pero, cuatro semanas antes, Steve Jobs despidió a un montón de gente. Así que esos trabajos desaparecieron".

Sin ningún plan y con pocos ahorros, Dave se mudó a Portland, Maine, y comenzó a programar un software que "emitía un pitido si el servidor se caía", cuenta riendo al recordar aquella época. Finalmente, consiguió un contrato en Claris, una empresa de Apple, para trabajar en la integración de vídeos en las páginas web en el Área de la Bahía. "Estuve ahí tres meses y medio antes de que Steve Jobs llegara para despedirnos a todos", recuerda.

Con tan solo dos semanas de gastos ahorrados, Dave se encontró de nuevo a expensas de la fortuna (y de su creciente red de contactos). Y fue entonces cuando lo llamó Adobe.

A principios de la década del 2000, Adobe era todo lo que uno podría imaginar como el sueño de Silicon Valley: una empresa rebosante de creatividad, energía y camaradería. Dave trabajó primero en San José y luego de forma remota desde Alemania como programador, desarrollando nuevas funciones y capacidades para herramientas como Photoshop y Premiere.

"Era una época en que el concepto de conciliación era muy distinto", cuenta Dave. "La vida personal y la laboral se entretejían, y era espectacular. Éramos un grupo de gente que trabajado duro todo el día creando novedades, productos que nadie había hecho nunca. Fue una periodo emocionante de vivir".

Adobe puso el ojo en nuevos terrenos creativos (televisión, deportes, teatro, cine) y Dave se convirtió en una de las personas clave responsables de ayudar a los creativos profesionales a dar el salto. Su equipo pasó años trabajando codo con codo con editores y directores, ayudándoles a dar vida a sus historias. Colaboraron con importantes estudios cinematográficos y directores, entre ellos David Fincher, los hermanos Coen y el equipo de Deadpool, prestando apoyo a cada edición.

"Creo que ese fue el momento crucial, cuando me di cuenta de lo que significaba trabajar mano a mano con artistas. Lo que realmente ocurre cuando estás sentado al otro lado de la pantalla es diferente de lo que esperarías cuando estás programando. No le puedes decir al artista cómo usar tu herramienta: tienes que conseguir que la herramienta trabaje para él".

Esa experiencia, aprender a servir a la creatividad en lugar de tratar de controlarla, sentó la base de todo lo que siguió.

Tras más de 20 años en Adobe, viajando por el mundo y colaborando con artistas, Dave se encontró de nuevo en Alemania buscando la forma de quedarse allí. Convertirse en CEO de Maxon no estaba entre las opciones. "Soy ingeniero", dice. "Nunca me tuve por empresario, ni mucho menos CEO".

No obstante, el emocionante rol como "asesor tecnológico del CEO" se acabó convirtiendo en una oferta para el cargo principal de liderazgo, que Dave rechazó enseguida considerándola "una idea ridícula".

"Mi mujer y un buen amigo no estuvieron de acuerdo con mi decisión e insistieron en que al menos fuera a la entrevista. Desempolvé el traje, fui a Múnich y me pasé una hora dándoles razones para no contratarme", explica entre risas. "Dos meses después, ya era CEO".

Contrariamente a lo que Dave recuerda, Enrique Glas, ahora director financiero de Maxon, que participó en el proceso de selección, afirma que Dave demostró tener muy claro lo que se necesita para generar herramientas para creadores, además de las habilidades de liderazgo necesarias para gestionar e inspirar a una empresa que entonces contaba con 80 empleados. Cuando Dave llegó en 2018, Maxon era muy valorada por su producto estrella, Cinema 4D, pero la empresa aún estaba tratando de alcanzar su propio potencial. "Llegué y me encontré con este espléndido producto que encantaba a la gente, impulsado por un increíble éxito cultivado por la comunidad". 

Dio con una organización con profundas raíces y un inmenso talento, lista para la transformación. Y, aunque Dave intente convencer a la gente de que realmente no sabía lo que hacía, su amplia experiencia en la creación de productos que despiertan ideas, combinada con su comprensión única del proceso creativo, le proporcionó un singular sentido de la perspicacia empresarial que permitiría a la empresa prosperar. "Puede que yo no sea el más creativo, pero sí sé cómo crear un entorno donde la creatividad florezca".

Con el apoyo adecuado y una visión clara, Dave ayudó a Maxon a pasar de ser una empresa con un único producto a convertirse en un ecosistema creativo, unido por una misión sencilla: empoderar a los artistas a través de la tecnología.

Durante los años siguientes, Maxon creció de forma espectacular, no a través de acuerdos corporativos transaccionales, sino mediante asociaciones genuinas que incorporaron empresas dirigidas por sus fundadores a la familia Maxon. Desde Redshift hasta Red Giant, pasando por ZBrush, cada equipo compartía el ADN de Maxon: innovación impulsada por la comunidad y compromiso con los artistas. "Todas estas empresas nacieron en la misma época y estaban profundamente vinculadas a los artistas que impulsaron su crecimiento".

"Maxon tiene el deseo genuino de mantener esa conexión cercana con los artistas", explica. "Es lo que nos impulsa. Sentimos orgullo cuando vemos algo creado con nuestro software. Nuestros clientes son gente increíble con visiones fascinantes. Cuando ves el arte que crean, sientes una conexión fuerte con ese producto final. Esa es la mejor parte de este trabajo".

Al preguntarle por el futuro de la tecnología creativa, a Dave le brillan los ojos. "Hemos empezado a referirnos a la IA como inteligencia artística", afirma. "Esa es la IA de la que queremos hablar".

En última instancia, para Dave, el verdadero arte proviene de la conexión entre la mente y el entorno. "La herramienta puede ser un bolígrafo, un pincel, un software, una bola de arcilla…", comenta. "Lo que importa es la interacción; la conexión entre mente y herramienta es lo que da vida a la visión. De ahí nace la belleza. La IA generativa no es más que otra de estas herramientas".

Maxon abraza la tecnología cuando ayuda a los artistas a trabajar mejor, más rápido o de forma más intuitiva. Redshift de Maxon, por ejemplo, utiliza IA para eliminar el ruido y mejorar la resolución.

Pero lo que realmente me entusiasma es cómo la industria creativa está adoptando cada vez más el 3D. Ahora tenemos generaciones enteras que crecen con videojuegos que, por naturaleza, son tridimensionales. Esto da lugar a una nueva generación de talentos que lleva los mundos 3D a todas partes, desde las redes sociales hasta la publicidad", afirma Dave.

"Maxon pronto lanzará una solución que será transformadora para marcas, agencias y creativos", anuncia Dava, haciendo una pausa para mayor dramatismo. "Combina la IA con la completa cadena de herramientas 3D de Maxon, creando un flujo de contenido que aprovecha el infinito potencial de la IA generativa, a la vez que respeta la integridad del producto y las directrices de la marca".

"Los flujos de trabajo creativos actuales están fragmentados y son difíciles de dominar, por lo que es fácil perder el control sobre la coherencia de la marca. Pero ¿y si te dijera que puedes utilizar la IA manteniendo la precisión en todas las superficies: redes sociales, embalajes, listados de sitios web? Estoy deseando ver la creatividad que va a desatar", concluye Dave.

Tras una carrera marcada por desvíos, encuentros fortuitos y una curiosidad incansable, el consejo de Dave para la próxima generación es sorprendentemente sencillo: "No te cierres en banda demasiado pronto", afirma. "Ni en cuanto a un trabajo, ni una herramienta. Sé curioso y mantén un interés creativo. Juega con todo y explora el arte en otros medios. Todas las oportunidades que he tenido surgieron de decir que sí a algo nuevo y luego trabajar muy duro para que valiera la pena.

Si algo demuestra la historia de Dave es que la curiosidad puede ser la herramienta creativa más potente de todas.

REGÍSTRESE

Manténgase al día con todo lo relacionado con Maxon. Cree una cuenta y reciba nuestras últimas noticias, ofertas e información sobre eventos.